Desde los orígenes de la humanidad las obras carecieron de prohibición de copia, reproducción o edición de estas, el Poema de Gilgamesh es un ejemplo de ello. Desarrollado desde hace 4 milenios por los sumerios, escrito y preservado hace 2650 años gracias al rey asirio Asurbanipal, ha llegado a nuestros días sin grandes querellas por parte de sus descendientes. En este blog, no existe nada que no se pueda difundir, publicitar o copiar en última instancia, siempre que se indique la procedencia. Los textos de opinión son originales de LibroVicio's, pero los derechos de autor, en este caso, son universales, no te cortes y difunde.
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La estrella de Pandora / Judas desencadenado. Peter Hamilton.

Cuando el astrónomo  Dudley Bose descubre casualmente una esfera de Dyson en un sector de la galaxia,  al gobierno de la Federación se le ponen por corbata. Y no es para menos: cualquier  civilización capaz de construir semejante artefacto es temible. La Federación de planetas humanos decide construir una nave estelar, la Segunda Oportunidad, para investigar el extraño objeto.
Así comienza una de las sagas más interesantes y, todo hay que decirlo, tocho, por su extensión, con las que me he enfrentado y que el inglés Peter Hamilton desarrolló en dos libros: La estrella de Pandora y su continuación Judas desencadenado. Aunque se puede etiquetar a la saga Federación como space opera, lo cierto es que la definición se queda corta dada la cantidad de conceptos que Hamilton, que no se corta en explayarse en las descripciones, maneja  en estas dos novelas.

El espacio de la Federación humana, una asociación libre de planetas colonizados en fases sucesivas mediante la tecnología de agujeros de gusano, es descrito con detalle por Hamilton. Dos tecnologías son la clave de este desarrollo: los ya mencionados agujeros de gusano para viajar entre planetas (¡y sorprendentemente en tren!) y una pseudo-inmortalidad conseguida mediante un cóctel de regeneración celular, memorias sintéticas y clonación. Todo ello en una civilización dominada por corporaciones familiares donde el capitalismo más puro encuentra acomodo en una economía que puede crecer de forma indefinida (siempre hay más planetas para colonizar). Si a eso le sumamos inteligencias artificiales, alienígenas de todo pelaje, desde los más agresivos a los más espirituales, tramas policiales, terroristas, guerrilleros, complots políticos, traiciones, batallas espaciales y terrestres y un largo etcétera, tenemos un par de novelas de lo más apañadas y que dejan muy corta la definición de space opera.

El estilo de Hamilton es sencillo y dinámico. La pega que se le puede poner es una tendencia acusada a la verborrea que hace que las escenas se extiendan demasiado. Por ejemplo, el desenlace de la segunda novela (pura acción) dura decenas y decenas de páginas. Es obvio que Hamilton funciona con las pilas del conejito ese. Además, como se trata de una novela coral con muchos personajes, en mi caso me costó aclararme con el dramatis personae hasta bien avanzado el primer libro. Un índice de personajes al inicio ayuda algo en este sentido.

En fin, una saga entretenida de las que suelen gustar a los buenos aficionados a la ciencia ficción de siempre, porque toca todos los palos y tiene de todo. Eso si, requiere armarse de paciencia porque Hamilton podrá tener muchas virtudes pero la concisión no es uno de ellas.


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